Hans Prinzhorn
HANS PRINZHORN, HISTORIADOR DE ARTE Y PSIQUIATRA. JUAN MANUEL CEREZO CORTÉS
– Hans Prinzhorn revolucionó la relación entre locura y arte, al preguntarse: “¿pueden estar co-nectados la visión del mundo desde la locura y el proceso artístico?”7. Analizando profusamente la obra de August Natterer, paciente de un sanatorio psiquiátrico y electricista de profesión, Hans Prinzhorn llegó al convencimiento de que algunas obras de arte solo pueden ser realizadas en un determinado estado mental, ya que el paciente creó unas realidades muy personales desde su propia paranoia, poseyendo una expresión psíquica de formas o figuraciones con un valor en sí misma, como si tuviera una segunda personalidad dentro de su interior. En palabras del propio Hans Prinzhorn: “estas obras provocan un sentimiento de perturbadora extrañeza”8.
Hans Prinzhorn nació en Hemer (Westfalia) en 1886. Tuvo intereses muy variados: gran aficio-nado a la música de cámara y cantante de ópera, también le gustaban las artes visuales. Se li-cenció en Historia del Arte (1908) y con posterioridad se doctoró en Munich con la tesis: Las concepciones estéticas fundamentales de Gottfried Semper. Estudió también filosofía y, por ra-zones estrictamente personales se licenció en medicina en su rama de psiquiatría. Toda esta formación atrajo la atención de Karl Wilmanns, psiquiatra de la Universidad de Heidelberg, quien se reunió con Prinzhorn en un hospital militar de Lorraine. Más tarde trabajó como personal médico en el hospital de Estrasburgo durante la Primera Guerra Mundial. Tras la crisis traumá-tica vivida durante la Guerra, tomó la determinación de dar un cambio importante en su vida.
En 1919 aceptó el puesto de médico en Heidelberg donde, entre otras de sus numerosas ocupa-ciones, estaba la de ser responsable de una pequeña colección reunida por el anterior director del centro, Emil Kraepelin desde 1890 a 1903, de producciones artísticas realizadas por enfer-mos mentales. Según palabras escritas por el propio Prinzhorn, se negó en principio a trabajar en esta colección por considerarla no muy numerosa y de escaso valor.
Pero, una vez integrado en el centro y bajo su dirección, esta colección se convirtió en el pro-yecto de su vida. Fue adquiriendo dimensiones gigantescas, en parte gracias a las numerosas cartas que redactó a compañeros de otros centros psiquiátricos de Europa con el objeto de que le enviaran los dibujos de sus pacientes. Con ello lo que pretendía era relacionar los procesos psicológicos y artísticos de los pacientes y buscar un punto de unión que identificara estas obras de arte con las distintas enfermedades mentales. Pero la petición de piezas de arte era clara-mente explícita, debían ser dibujos, pinturas y esculturas de enfermos mentales, que no fueran meramente copias o recuerdos de días mejores, sino la expresión de su experiencia desde la enfermedad. Esta aportación abrió un importante campo de estudio dentro de la psiquiatría, ya que se trataba de descifrar las distintas patologías mentales a través de las expresiones plásticas o la escritura de relatos en lo que se podría entender como una “iconografía propia de los en-fermos mentales”.
7 Beetz, C. Between Insanity and Beauty, The art Collection of Dr. Prinzhorn, producida por: Beetz Brothers film, de 2008.
8 Prinzhorn, H. Bildnerei der Geisteskranken. Ein Beitrag zur Psychologie und Psychopathologie der Gestaltung. Expresiones de la locura: El arte de los enfermos mentales. Introducción Julia Ramírez y traducción María Condor. Madrid 2012. Ediciones Cátedra.
La metodología en esta decodificación de las obras de arte ya tenía un predecesor en la figura del profesor Jean-Martin Charcot (1825-1893), quien entre sus estudios figuran los de detectar los factores desencadenantes de las crisis nerviosas y en concreto los ocurridos por la histeria traumática. Para ello se apoyó en la historia, la pintura y la clínica. Comparó mediante una ex-haustiva observación las posturas hieráticas de sus enfermos con los convulsionarios de San Me-dardo y los poseídos de Rubens. Es la interpretación científica realizada mediante el arte, hito histórico en psiquiatría. Estas teorías fueron secundadas por sus alumnos: P. Richter, H. Meige, Gilleg de Tourette, J. Heitz, J. Rogues de Fursac o Freud entre otros. Todos ellos mostraban ya desde finales del siglo XIX un gran interés por la producción artística de los enfermos mentales y su relación con las distintas psicopatologías. Prinzhorn llegó a coleccionar durante su vida alrededor de 5000 obras de unos 450 pacientes entre Alemania, Austria, Suiza, Holanda, Italia, inclusive EE. UU. y Japón. Publicó en 1922 su libro:
Bildnerei der Geisteskranken. Ein Beitrag zur Psychologie und Psychopathologie der Gestaltung.
(La traducción literal del título es: Las obras plásticas de los enfermos mentales. Contribución a la psicología y la psicopatología de la acción de dar forma)9. El libro es un primer intento de analizar la producción artística realizada por enfermos mentales y comparar sus distintos aspec-tos formales con la obra realizada por niños, culturas tribales africanas o las culturas griegas más primigenias. Este libro, sobre todo, se centra en obras creadas por diez artistas con diversas patologías men-tales. Cuenta con 170 ilustraciones de las que diez de ellas son en color. La publicación fue pre-sentada a los círculos culturales y artísticos internacionales convirtiéndose Prinzhorn en un crí-tico de arte en lugar de psiquiatra, como señala el profesor de Arte y Arqueología de la univer-sidad de Princenton Jhon M. Macgregor 10. Cabe reseñar que entre el círculo de sus amistades se encontraban entre otros: Jacques Maritain (filósofo), Mary Wigman (bailarina), Richard Wilhelm (traductor de obras del chino al alemán), Aby Warburg (historiador) o el pintor Emil Nolde con él que compartió un claro gusto por el Expresionismo alemán. Si bien la obra tuvo gran aceptación dentro del mundo artístico, sobre todo de vanguardias, no tuvo la misma aco-gida en el campo de la psiquiatría que lo recibió no sin ciertas reticencias.
Prinzhorn siempre estuvo interesado en la relación del doctor con el paciente. Al respecto dijo:
“mi personalidad ha creado muchas opiniones sobre mí y nunca he denegado ayuda cuando me la solicitaron”11. Los planteamientos de Prinzhorn provocaron que no parara de hacerse pregun-tas como: “¿hasta qué punto un análisis psicológico de las producciones artísticas pudiera de-mostrar la visión que tuviera “un loco” sobre la realidad cognoscible?”12. Por ello procuró anali-zar las obras visualmente, sin prejuicios y por supuesto evitando cualquier uso de normas fijadas y preestablecidas. Consideró que era de vital importancia conocer la personalidad de los enfer-mos y sus distintas psicopatologías, lo que le proporcionaría un juicio científico riguroso de di-chas producciones. Sabía que no se podría juzgar y valorar con los mismos criterios y de la misma forma el arte patológico y el “verdadero” arte, ya que este siempre tiene un objetivo final en el proceso creativo. Según sus propios pensamientos dijo que en lugar de arte se debía hablar de
9 Traducción citada por Klein, J-P. ob.cit 7 10 McGregor, John M. The Discovery of the Art of the Insane, Princenton, Princenton University Press, 1989, 11 Beetz, C. ob.cit 8 12 Beetz, C. ID, más arriba
“actividad artística”, por eso en su libro trató de no referirse al término arte y así en el título figura la palabra germana Bildnerei, que se puede traducir por “producción de imágenes”.
Con ello negaba la creatividad de los enajenados. A pesar de que algunos de los casos pudieran presentar ciertas cualidades estéticas y formales, para él nunca deberían ser tratados como una categoría artística superior.
Estas tesis le ocasionaron ciertos enfrentamientos con teóricos de vanguardia como Kandinsky.
Prinzhorn le acusó de falacia, pues dictaminaba diagnósticos y conclusiones a priori a través de los productos artísticos sin haber realizado previamente un estudio: analítico, científico y clínico del paciente. Para Kandinsky las producciones artísticas poseen un valor en sí mismo, las reali-zaciones improvisadas nacían del interior del artista de manera espontánea, eran de carácter interno y por lo tanto mostraban la naturaleza del artista.
Debido a problemas con distintos colegas de Heidelberg, Prinzhorn abandonó la clínica en 1921 y, sumido en una gran depresión, alternaba los momentos de pesimismo con los de optimismo.
Manifestó el esfuerzo que debía realizar por la multitud de tareas que ejecutaba a un mismo tiempo. Siempre basó su tiempo en las observaciones con los pacientes y trataba por todos los medios de que su labor psicoterapéutica fuera reconocida. Ante el fracaso profesional y sus crisis matrimoniales tomó la determinación de recluirse en una casa de campo a las afueras de Mú-nich. En ella solo recibía visitas esporádicas de amigos y compañeros profesionales. Luchando contra la depresión trato de emigrar a EE. UU. y continuar con su carrera y actividad profesional, pero cuando le llegó la oportunidad de traslado, su estado anímico era tal, que le impidió res-ponder a la solicitud americana, muriendo poco tiempo después en 1933. El ascenso del nacionalsindicalismo en Alemania despertó su interés por la figura de Hitler. Le llamó la atención en un principio el lado filosófico del gran líder, lo defendió, aunque también fue excesivamente crítico con él. Mucha gente le vinculó con los nazis a pesar de que nunca formó parte del partido y el hecho de relacionarle con el nacionalsindicalismo no se pudo cons-tatar pues falleció en 1933. Prinzhorn visitó personalmente a Aby Warburg durante su estancia en el sanatorio de Binswan-ger y juntos compartieron la investigación sobre la psicología de la expresión, centrándose para ello en la imagen, que no tiene porque ser artística, y la figuración mediante la Gestaltung o Gestalt.
Para los estudios sobre los pacientes, Prinzhorn se basó en los estudios del filósofo existencia-lista y psiquiatra Karl Jaspers (1883-1969), con el que compartió trabajo en Heidelberg. Jaspers mantiene que todo ser humano tiene manifestaciones creativas desde la infancia, pero que es-tas se van diluyendo según se avanza hacia el periodo adulto, sin embargo, el impulso creativo de los esquizofrénicos no disminuye, por ello siguen manteniendo la originalidad en todas sus producciones. Para Iván Sánchez y Norma Ramos, las aportaciones de Prinzhorn modificaron la metodología sobre el estudio de las obras psicopatológicas. Por una parte, fomentaron las bases de estudio sobre las futuras terapias artístico-creativas y, por otro lado, proporcionaron una visión distinta de las producciones, dando autenticidad y validez a las obras de los artistas alienados.13 En su interés por diferenciar al artista del esquizofrénico, Prinzhorn manifestó que: “mientras el artista más solitario nunca pierde contacto con la humanidad, aunque sea a través del deseo y la nostalgia de sus creaciones, el esquizofrénico no desea contacto con la humanidad y si lo hiciese estaría sanado”14.
Durante los años noventa del pasado siglo las tesis de Prinzhorn han sufrido algunas críticas, entre ellas las de Bettina Brand- Clause y Thomas Röske quienes consideran que el “arte” de los esquizofrénicos no es tan puro, ni original, ni tan “fuera de este mundo”. Ellos llegaron a la con-clusión de que los pacientes en su reclusión están contaminados en sus expresiones artísticas por la relación con otros pacientes, el personal sanitario o las posibles lecturas de las que dis-pongan en los sanatorios. A pesar de estas críticas, podemos coincidir con Prinzhorn en que estas obras contienen el misterio que las hace identificables.15
13 Sánchez Moreno, I y Ramos Ríos, N. “La colección Prinzhorn: Una relación falaz entre el arte y la locura”. Art, Individuo y Sociedad. (2006), vol.18: 131-150.
14 Prinzhorn, H. ob.cit 8 15 Bettina Brand- Clause y Thomas Röske citados por: Bassan, F. “La Colección Prinzhorn. Descubrimiento, recepción y expropiación del arte de la locura”. Universidad Sapienza, Roma. Escritura e imagen. Vol. 5 (2009): 135-144
ARTETERAPIA, ESTADO DE LA CUESTIÓN.
- El arteterapia es elemento de gran utilidad para la salud mental. Ya no se trata tanto valorar las creaciones estilistas y formales de las producciones de los enfermos, aunque en ocasiones pudieran resultar de cierto interés, como de procurar un beneficio ocupacional y de bienestar personal, que sirva sobre todo para la inclusión social de estos enfermos.
En la actualidad la situación de los enfermos mentales ha cambiado. Ya no están recluidos en centros donde antiguamente se les abandonaba y apartaba fuera de la sociedad; donde los tratamientos agresivos y la sedación eran la única medicación que recibían. Esta situación se ha venido manteniendo pasada la mitad del siglo pasado con situaciones de un alto grado de maltrato y exclusión social. Afortunadamente, las terapias agresivas han quedado obsoletas. Los tratamientos se hacen de manera individualizada y con un seguimiento profesional y exhaustivo.
El cine ha mostrado en infinidad de cintas los centros psiquiátricos obsoletos y terapias como las de choque, bien representadas en la película Alguien voló sobre el nido del cuco (Milos Forman 1975); o la violenta lobotomía narrada en la cinta Frances (Graeme Clifford, 1982). Hoy en día y gracias a las políticas sociales y de inclusión social los enfermos residen bien, en sus propias viviendas en un ambiente familiar, bien en viviendas tuteladas por educadores sociales o en sanatorios adaptados a su uso.
Uno de los debates más extendidos durante todo el siglo XX es la aplicación del término “arte” a las producciones de los enfermos mentales. Así como para los artistas de primeras vanguardias del siglo pasado no hay duda en ese sentido, pues hacen referencia a un arte puro e incontaminado, para algunos psiquiatras, como Hans Prinzhorn, sus obras no se pueden considerar “arte”; las expresiones reflejadas en las distintas artes plásticas son consecuencia de la enfermedad mental, por lo tanto, no se pretende una finalidad artística en estas obras. No hay un objetivo final, sino una vía para mitigar las secuelas de las distintas psicopatologías.
A partir de las dos últimas décadas del siglo XXI las distintas arteterapias han irrumpido en numerosos colectivos tales como; demencia senil, alzhéimer, autismo, salud mental, síndrome de Down, afectadas por la violencia de género, como estimulación en pacientes sometidos a quimioterapia o radioterapia, anorexia, bulimia etc. En todos ellos se ha comprobado la utilidad de usar la música, danza, teatro, pintura, cine etc. con fines terapéuticos. El fin primordial del arteterapia es trabajar con las emociones a través del arte, y los diferentes procedimientos utilizados tienen como objetivo que se produzcan cambios favorables y de bienestar en la personalidad de los enfermos.
Con anterioridad, se definía la salud como: “la ausencia de enfermedad”2, pero esta acepción ha ido evolucionando en el transcurso de los años. Así La Organización Mundial de la Salud en 1948 la define como: “un estado completo de bienestar físico, mental y social y no solamente como la ausencia de enfermedad”3. Con posterioridad en 1985 La Oficina Regional Europea de la OMS en Nutbean la percibe como: “la capacidad de desarrollar el propio potencial personal y responder de forma positiva a los retos del ambiente, con esto lo que se pretende es alcanzar un estado adecuado de bienestar tanto físico, social y sobre todo mental”4 En el bienestar mental, es donde el arteterapia pretende jugar un papel primordial.
Según la Asociación Americana de arteterapia (American Association of Art Therapy): “El arteterapia se basa en la creencia de que el proceso creativo desarrollado en la actividad artística es terapéutico y enriquecedor de la calidad de vida de las personas. Arteterapia es el uso terapéutico de la actividad artística en el contexto de una relación profesional por personas que experimentan enfermedades, traumas o dificultades en la vida, así como por las personas que buscan un desarrollo personal. Por medios del hecho de crear en arte y de reflexionar sobre los procesos y de los trabajos artísticos resultantes, las personas pueden ampliar el conocimiento de sí y de los otros, aumentar su autoestima, trabajar mejor los síntomas, stress y experiencias traumáticas, desarrollar recursos físicos, cognitivos y emocionales y disfrutar del placer vitalizador del hacer artístico”5.
El término de “arte terapia” se le atribuye al pintor británico Adrian Hill, quien ingresado desde 1938 en un sanatorio para tuberculosos y, como paciente desde su cama, se limitó a dibujar los distintos objetos de su entorno. Ya con posterioridad en 1945 escribió el libro El Arte contra la Enfermedad coincidiendo con la irrupción masiva de afectados y víctimas provenientes de la Segunda Guerra Mundial. Descubrió con asombro los beneficios terapéuticos emocionales que reportaba el arte. Los pacientes no solo disfrutaban de los trabajos artísticos, sino que además estos eran una vía de expresión de sentimientos, miedos y acontecimientos traumáticos propios de la guerra. Es curioso y significativo que el término arteterapia deba ser atribuido a un artista y no a un psiquiatra. Adrian Hill propuso una terapéutica basada en el arte y esta a su vez tuvo su origen en la terapéutica mediante el trabajo. No se trataba de la búsqueda de la realidad sino el ascenso en la curva imaginativa:
2 López Fernández Cao, M. y Martínez Díez, N. Arteterapia: Conocimiento interior a través de la expresión artística. Madrid (2012).
7 “Cuando está satisfecho, el espíritu creador favorece la curación en el corazón del enfermo.
Cuando está contrariado el espíritu creador puede llegar a ser un enemigo diabólico y sutil de la paz del espíritu. Ese que gobierna su espíritu podrá curar su tuberculosis”6. Actualmente, existe la Federación Internacional de Terapias y de Relaciones de mediación (FI-TRAM) y esta a su vez se divide en dos ramas: las terapias con animales y las arteterapias en sus distintas ramas artísticas. FITRAM recomienda que el terapeuta dentro de la actividad artística deba abandonar la idea de realizar cosas intrascendentes como: garabatos, dibujos, relatos, etc.
sin desenlace, es decir, que no se debe ser transigente con los enfermos en sus creaciones, pero tampoco deben dirigir los métodos expresivos. El terapeuta ha de tener los conocimientos sufi-cientes para que las distintas arteterapias se conviertan en vías del conocimiento y del saber. Hay que evitar las metodologías demasiado fáciles y sencillas ya que ellas se acaban convirtiendo en talleres meramente ocupacionales y el valor pedagógico y sanador de las arteterapias que-daría completamente neutralizado. Se considera que las expresiones realizadas de forma ins-tantánea en momentos de tensión remiten una vez se agota su efecto catártico, pero, por el contrario, si la creación es continuada y metódica, transforma la personalidad y de ahí que el arteterapia se deba basar en un proyecto continuado y curativo. Si bien el término se acuño en 1942, los beneficios terapéuticos del arte se remontan a la Prehis-toria. En las pinturas rupestres se pueden apreciar imágenes que bien se interpretan como ri-tuales de caza, en algunas otras como una clara invocación a la lluvia o en otras donde existe una evidente intención curativa. Para los filósofos griegos el arte era pura mimesis. Así, Platón considera que es la imitación de la imitación. Aristóteles sostiene que el arte es útil ya que ad-quiere valor terapéutico desde el momento en que purga emociones peligrosas. Pero cuando el arteterapia va a alcanzar un gran auge y relevancia es en la segunda década del siglo XX y sobre todo gracias a la personalidad de Hans Prinzhorn.
