Sinarquia (Reblogs)

 Sinarquismo para Principiantes (2018) Tito Andino

Sinarquismo y Guerra mundial (2004) Mike Billington



SINARQUISMO: Una visión para principiantes (I)

























por Tito Andino U.
(Este ensayo fue revisado y ampliado en octubre 2022)

Gran revuelo ha causado el artículo referente a la trilogía revisionista en Hispanoamérica. Me ha llamado la atención que un buen número de personas desconozcan, es decir, nunca han escuchado hablar del sinarquismo (y se dicen expertos en conspiraciones). Curioso es (aunque no debería comentarlo) que algunos se han indignado con ese artículo, “desafectos” que, a más de lanzar improperios, han “desertado” de este blog. Sin embargo, es un buen indicio que estamos haciendo bien nuestra labor informativa. No por vanidad o porque suene bonito, el blog lleva por título “detectives de guerra”; precisamente, esa es la actividad central que el sitio realiza, pesquisar, buscar el origen de un hecho histórico relacionado con los conflictos bélicos. Si este trabajo pone a reflexionar a un pseudo “revisionista”, al menos, por unos segundos, será ya suficientemente satisfactorio, habremos sembrado en esa mente la duda que todo lo que ha leído y asimilado durante mucho tiempo es fruto de un fraudulento timo y que puede ser enderezado en la verdad histórica.

Bien, a nuestro cometido actual.

Intentaremos explicar a nuestros lectores que es realmente el sinarquismo; y, sobre todo, que este no fue un fenómeno particular de México, sino que apareció originariamente en una alianza de poderosos intereses financieros europeos desde fines del siglo XVIII, luego involucraría otras regiones del globo.

Revisemos algunos conceptos sintetizados de diversas fuentes para aclarar el panorama.

Sinarquismo significa dominio de la ley y el orden. Otra definición señala que es una palabra que quiere decir: con gobierno, con autoridad, con orden. 

La RAE define a la Sinarquía como el sistema político en el que el poder es ejercido por una élite o corporación. Según el diccionario de la RAE, puede tener dos acepciones; nos interesa la segunda acepción: “Influencia, generalmente decisiva, de un grupo de empresas comerciales o de personas poderosas en los asuntos políticos y económicos de un país”. 


En Wikipedia encontramos una excelente explicación. El primer uso registrado del término "sinarquía" se atribuye a Thomas Stackhouse (1677-1752), un clérigo británico que usó esa palabra en su libro “New History of the Holy Bible from the Beginning of the World to the Establishment of Christianity” (Nueva Historia de la Sagrada Biblia desde la Creación del Mundo hasta la Creación de la Cristiandad); publicada en dos volúmenes en 1737. La palabra deriva de un prefijo del griego: "syn", que significa “con” o “junto” y un sufijo: "arquía", que significa “regla”, así se definió por primera vez en el Diccionario de inglés Webster.


El uso más importante de la palabra "sinarquía" viene de los escritos del ocultista francés Alexandre Saint-Yves d'Alveydre, alrededor de 1870, él pertenecía a la Sociedad Martinista o Martinistas (una secreta secta masónica. Los Martinistas se basaban en una especie de culto-adoración al emperador Napoleón Bonaparte). El término sinarquismo apareció en su libro “La France vraie” para describir lo que él creía era la forma ideal de gobierno; y, en el libro “L'Archéometre” describe a la sinarquía como un hipotético e ideal sistema de gobierno de los miembros de una sociedad secreta (Agharta). En otra de sus obras Saint-Ives, “La misión de la India en Europa”, explica que Agharta maneja un sistema de gobierno sinárquico, ejerciendo el poder real tras la apariencia de un gobierno fachada de otro tipo.

Generalmente aceptamos que la sinarquía surge como reacción emergente a ideologías y movimientos igualitarios como el comunismo y el anarquismo, por lo que vendría a ser, también, lo contrario al anarquismo.


“Saint-Yves elaboró una fórmula política que a su juicio conduciría a una sociedad armoniosa. Defendió la diferenciación social y la jerarquía con la colaboración entre las clases sociales, que trascendiera el conflicto entre los grupos sociales y económicos, es decir, la sinarquía, en oposición a la anarquía. En concreto, Saint-Yves imaginó una Europa Federada así como todos los estados integrados (igual como soñó Hitler), con un gobierno Corporativista (implantado en el fascismo italiano de Mussolini) compuesto por cuatro estamentos: Consejo de Estado, Académico, Judicial, y Comercial”.(Wikipedia – Sinarquía, los paréntesis corresponden al redactor del blog). 
































 

Ese círculo de alianzas que se denominó Movimiento Sinarquista de los Imperios se componía inicialmente de la oligarquía económica europea e integrantes de sociedades secretas de corte masónico, que se presume gobiernan desde la sombra y cuyo objetivo final sería establecer una dictadura sinarquista, una nueva versión global del Imperio Romano (una dictadura fascista como se la denomina comúnmente hoy en día).

El sinarquismo define un nuevo concepto de alianzas políticas establecidas por una hermandad internacional de economistas e industriales; y, aunque aparente contradicción, se vale para sus objetivos de la unidad de socialistas y anarquistas en torno a principios fascistas. (de allí que los nazis se autoproclamaran “socialistas”, siendo cien por cien un grupo de extrema derecha).

Para nuestro amigoDaniel Estulin, un gran conocedor sobre esta temática, en la actualidad existe influencia de esas organizaciones en el poder político-militar de los Estados Unidos, el sinarquismo se enquistó mediante las clases industriales y económicas norteamericanas y pugnan por controlar el sistema. De allí que en la segunda guerra mundial algunos grupos apoyaron la política del ‘Buen Vecino’ y el Panamericanismo de Roosvelt, mientras grupos sinárquicos contrarios apoyaban el financiamiento e industrialización de la Alemania nazi, aún en pleno conflicto. Estulin afirma que esos grupos se componen desde neoconservadores, republicanos del ala de ultraderecha, componentes étnicos pro nazis y hasta representantes de los poderosos círculos de los hobbies judíos y del ultraderechista Likud de Israel. 

“Detrás de ellos, oculto del escrutinio público, se encuentra el Movimiento Sinárquico de los Imperios, el auténtico poder que los ingenuos califican como Fascismo”.

El término “fascismo” fue una derivación de la penetración del sinarquismo en Italia, fue allí donde se le denominó “fascismo”, su propósito era “italianizar” una enfermedad francesa conocida como “sinarquismo”. Es decir, el símbolo de las Legiones Romanas que marchaban hacía la guerra, llamada “fasces”, sería el nombre que adoptaría el sinarquismo proveniente de Francia en Italia, se lo denominó “fascismo”




Según el Movimiento Sinarquista del Imperio debería implantarse regímenes autoritarios eligiendo gente dócil para ser controlados. El poder debe concentrarse en manos de los directivos de la industria y los medios de comunicación; y, naturalmente, en delegados de los grupos financieros-bancarios de cada país. Entre los objetivos de su programa está el concentrar un máximo de industrias y eliminar la competencia injustificada; fijar un control absoluto de precios de todo bien y materia prima; y, la necesaria formación de un aparato judicial y social que impida cualquier acción extrema.



                       Coronación de Bonaparte como Emperador de los franceses en 1804



Lyndon Larouche, otro versado en la materia, expresa que ese círculo de poder económico-industrial financió en secreto a Napoleón y su conquista de Europa, de hecho, suele afirmarse que Bonaparte fue el primer fascista de la historia y que la Revolución francesa es creación y, a la vez, víctima de la Sinarquía. Los sinarquistas brotaron entre los círculos inmediatos de Napoleón, sus veteranos oficiales de las campañas bélicas diseminaron la práctica de la secta por todo el mundo.


Georg Wilhelm Friedrich Hegel, un apasionado admirador de la imagen de Bonaparte como emperador, fue el primero en ofrecer una doctrina histórica fascista del Estado. Los escritos de Friedrich Nietzsche le sumaron a la teoría de Hegel la doctrina del terror dionisíaco del hombre–bestia, de los movimientos y regímenes fascistas del siglo XX”. 

Un siglo más tarde la Sinarquía brindaría su apoyo ciego para el ascenso de Adolf Hitler. El programa consistía en crear un Nuevo Orden Mundial y así proclamó con vehemencia Hitler, el advenimiento de un Nuevo Orden (al que incluyó sus particulares tesis racistas y ocultistas) que sería contrario a la tesis de las repúblicas soberanas basadas en el Bienestar Social, incluso los Estados Unidos con su Constitución de 1789 fue en su inicio una amenaza a la hegemonía de los grupos de poder, de igual forma los sistemas parlamentarios considerados no tan fieles a sus intereses. 

Tampoco cabe duda que la Sinarquía se convertiría en el frente que se opondría tenazmente al surgimiento del marxismo y los movimientos comunistas que clamaban cambios fundamentales mediante una revolución social. El alcance de la sinarquía llegó a penetrar las organizaciones comunistas y hasta lograr lo inconcebible, clandestinamente, consiguieron en muchos casos, que la extrema derecha y los movimientos obreros políticamente organizados –sin tener ninguna relación, ni contacto- aunaran esfuerzos contra un mismo objetivo, el gobierno(s) que debía ser derrocado.

Larouche afirma que los 
Martinistas empezaron a identificarse como “Sinarquismo” a inicios del siglo XX,



“Desde principios de los 1920 hasta 1945 los servicios de inteligencia de los Estados Unidos y de otras naciones lo clasificaban oficialmente bajo el título de “Sinarquismo nazi–comunista”, porque al mismo tiempo desplegaba fuerzas pro comunistas y de extrema derecha opuestas para envolver al gobierno escogido como blanco. Los movimientos fascistas del siglo XX y posteriores, como la mayoría de los movimientos terroristas, son todos creaciones sinarquistas”. 

Para Larouche, el sinarquismo fue el rasgo central de los Gobiernos fascistas organizados en Italia, Alemania, España, la región francesa no ocupada de Vichy con Pierre Laval; ese fenómeno también se desplazó por México y toda América Central y del Sur, como un conducto español del partido nazi. 

“Esta conspiración francmasónica secreta tiene lugar entre las facciones nominalmente izquierdistas como entre las de extrema derecha, tales como el consejo editorial del Wall Street Journal, la Sociedad Mont Pelerin, el American Enterprise Institute y el Instituto Hudson, y la mentada extrema derecha integrista dentro del clero católico. La autoridad subyacente detrás de estas sectas es una red contemporánea de bancos privados de ese modelo veneciano medieval conocido como Fondi. La conspiración del sinarquista Banque Worms en la época de la guerra en los 1940, tan solo es típica del papel de tales intereses bancarios que intrigaban tras varios gobiernos fascistas de entonces”. 


Arriba, Hitler rodeado de los industriales, en la foto se reconoce a Fritz Thyssen. Abajo, diversas portadas del reconocido libro de Daniel Muchnik, "Negocios son negocios".


Los ideólogos fascistas más notables de esta academia después de la Segunda Guerra Mundial son Leo Strauss de la Universidad de Chicago, quien es la inspiración de los actuales ideólogos neoconservadores estadounidenses, y el copensador de Strauss en París, Alexandre Kojève. 


Anecdóticamente, el Sinarquismo tenía (o tiene) los mismos objetivos de la supuesta conspiración mundial judeo - masónica - comunista, pregonada por muchos "revisionistas". 

La diferencia radica en que los extremistas partidarios de la gran conspiración judía no ven más enemigo en el mundo que los nombrados (la masonería sería solo un instrumento del judaísmo internacional) y otorgan connotaciones de tinte religioso y racial a su causa, se ciegan solamente en esa particularidad citando fuentes y líbelos de dudosa procedencia. El sinarquismo no es sectario en ese sentido, es más amplio, los conspiradores son grandes banqueros e industriales –entre los que sin duda existen muchos judíos, pero también muchos católicos y cristianos de diferentes confesiones, masones, agnósticos, etc. (actualmente esa alianza incluye a cualquier personaje del mundo sin importarle su religión o raza, sino su poder económico personal o empresarial, muchos provienen del Lejano y Próximo Oriente). 


La sinarquía no se desquicia con teorías raciales, ni religiosas, ni políticas, la religión no tiene sentido para ellos (salvo para el grupo de ultra conservadores católicos, de donde provienen los literatos mexicanos tantas veces enunciados); su dios es el poder y la riqueza; aglutina en su favor tanto a la extrema derecha como a la extrema izquierda.



Hoy en día es válido el calificativo de la sinarquía como “EMPRESA MUNDIAL S.A.”, un término acuñado, entre otros, por el investigador Daniel Estulin, significa el control mundial de la industria y economía no en una sola mano, ni en un selecto grupo de conspiradores (judíos), sino una amplia red de metagrupos que trabajan con un único objetivo, el control político – económico de las naciones. 

Es la aplicación estratégica y geopolítica de conquista, ya no territorial sino económica, la lucha por la globalización. Hoy tenemos al famoso Club Bilderberg -el brazo político de la OTAN- quien realmente ejerce el poder a través de organizaciones internacionales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio.


No es exageración, como afirma Daniel Estulin que

"a lo largo de los últimos setenta años, remontándonos a la segunda guerra mundial, a partir de esta red de intereses sinarquistas y estructuras financieras nazis encubiertas, ha germinado quizás la infraestructura terrorista más importante de todas y, no solo en Europa, sino internacionalmente. Este mundo circundante terrorista no debe ser entendido como una conspiración con una estructura organizacional cuasi militar, sino como una red flexible, donde cada uno de los componentes puede ser desplegado por separado con objetivos distintos, bajo circunstancias específicas de cada operación”.

Por sentado que la supuesta Gran Conspiración Judeo-Masónica-Comunista pega más en la psiquis colectiva, es más intrigante y misteriosa (aunque la más paranoica y falsa de las teorías conspiranoicas regadas en internet), raya en el plano “esotérico”, pretende descifrar los grandes Misterios de la humanidad. Está demostrado que el ser humano se siente más atraído por lo desconocido, por la lucha -en sentido religioso- del bien contra el mal; solemos estar más interesados en la fantasía, en la utopía, en lo irreal que en la simple realidad y verdad cognoscitiva (procesos mentales de pensamiento, percepción y aprendizaje). Ese ha sido siempre el éxito de quienes controlan el poder, incluido el estamento religioso de cualquier fe, influir en la psiquis colectiva con técnicas de manipulación de la mente, empujarnos a una “búsqueda de sentido” en otras “dimensiones”, en otros “planos existenciales”.

Afirmo, sin dudar, que muchos prefieren la "Gran Conspiración judeo-masónica-comunista" de un alias Traian Romanescu, de Salvador Borrego o de un Joaquín Bochaca, sin tener el mínimo interés por indagar sobre la sinarquía, al fin y al cabo nunca han escuchado sobre ella. La realidad es demostrable e incuestionable. Tipos como Borrego o “Romanescu” son sinarquistas de la influyente corriente del ultra conservadorismo católico, son solo peones escribanos de algo que ellos mismos desconocieron siempre, su literatura es utilizada para desviar la atención del verdadero poder en el mundo

Curiosamente, ante la ya frecuente denuncia contra el movimiento sinarquista internacional, en estos días, los “revisionistas” y todo creyente en la ‘Gran Conspiración judía’ intenta sacar de contexto el real significado de la sinarquía, poner en el mismo costal a la masonería, al sionismo, al comunismo, al neoliberalismo, a la iglesia, etc., es prueba para ellos de esa Gran Conspiración, ahora intentan denominarla “Sinarquía Internacional Globalista”. En muchos aspectos tienen razón porque el sinarquismo es el verdadero poder en las sombras y, por supuesto, incluyen a judíos y sionistas y otros grupos. Ya lo hemos explicado, la EMPRESA MUNDIAL S.A. no es propiedad privada de uno o un selecto grupo de judíos (o sionistas como les gusta calificarlos hoy en día). Y para quitar cualquier resquicio de duda, solamente recordemos a los profetas de la Gran Conspiración Judía, Traian Romanescu y Salvador Borrego, si ellos al ser sinarquistas –según la actual posición de los “revisionistas”- también serían parte de esa Gran Conspiración….. Si los sinarquistas auspiciaron y llevaron al poder a gente como Hitler, Mussolini y otros, entonces éstos literatos de extrema derecha trabajaron para el judaísmo internacional…






Como hemos dicho, la Sinarquía es una organización financiada por banqueros internacionales que colaboraron con Hitler con un objetivo claro: unificar Europa bajo la férrea mano del nazismo y luego el mundo regido por un NUEVO ORDEN, que sería regentado por un gobierno que garantice y represente sus intereses militares, empresariales, financieros, académicos y de los medios de comunicación. En otras palabras, el Nuevo Orden Mundial para instaurar un Imperio Romano moderno. 

Ya desde 1934 Hitler empezó a concentrarse en México como la clave de su estrategia para Iberoamérica. Según Hermann Rauschning, un político nazi que quedó desilusionado con Hitler y huyó a Suiza en 1936, Hitler estaba convencido de que México era “el mejor y más rico país del mundo,... México es un país que pide a gritos un amo capaz. Su gobierno lo está arruinando. Con el tesoro del suelo mexicano ¡Alemania podría ser rica y grandiosa! ¿Por qué no acometemos esta tarea?... Podrías comprar a este México por un par de cientos de millones”




Hitler creía que podía tomar Iberoamérica, no con ejércitos invasores, sino más bien mediante la subversión. “Crearemos una nueva Alemania ahí [en Sudamérica]. Ahí encontraremos todo lo que necesitamos...No desembarcaremos tropas como Guillermo el Conquistador conquistando Brasil por la fuerza de las armas. Nuestras armas son invisibles”.


¿Por qué Rauschninng debería haber mentido sobre estos relatos varios años antes de la guerra mundial? Los hechos posteriores solamente avalan sus palabras.

Para terminar esta primera entrega, quiero recomendar la lectura de uno de los mejores libros que explican ese fenómeno de la relación banca-industria- nazismo“Wall Street and the Rise of Hitler” (Wall Street y el Ascenso de Hitler), de Antony Sutton (puede ser leído online, en la barra derecha de este blog, sección libros tienen el acceso directo). 

Los "revisionistas" nos vende el cuento que Hitler y la doctrina nazi fue una fuerza que “luchó” contra la oprobiosa injerencia del “capital judío” en la conquista del mundo. No obstante, abundante documentación prueba quienes encumbraron a Hitler hacia el poder. Los “revisionistas” nos fabulan relatos sobre la supuesta oposición de Hitler al “patrón oro” y que por esa “razón” la banca internacional le declaró la guerra.

Cómo y quién financió la ascensión de Hitler al poder?
. Está demostrado en estos artículos y en el libro arriba recomendado. 

El sinarquismo francés durante la segunda guerra mundial 
Bandera histórica del jefe de estado de la Francia de Vichy (Petain)


Las siguientes líneas son un resumen textual del artículo del profesor Richard Spence de la Universidad de Idaho, "El papel del sinarquismo en la caída de Francia".

Henri Chavin, antiguo jefe de la policía de Vichy redactó un informe de 18 páginas en que identifica a los sinarquistas en todos los ministerios, incluido el séquito del jefe de estado de Vichy, el mariscal Philippe Petain. Deduce la creencia de que una sociedad secreta de banqueros, industriales y tecnócratas había llevado a Francia al borde de la guerra civil en 1940.

¿Cómo Chavin llegó a esa hipótesis? Investigando un caso de aparente suicidio en 1941 (asesinato de Jean Coutrot, 19 de mayo de 1941, una semana después del suicidio o asesinato de Coutrot, su secretario también fue encontrado muerto en circunstancias cuestionables). Que el jefe del Sûreté se involucrara en lo que parecía un suicidio era raro. Chavín investigaba a Coutrot que se vinculaba a sociedades secretas, grupos inconformistas de distinta orientación política y otras asociaciones cuestionables. Un colaborador de Coutrot era el escritor y aficionado al ocultismo Aldous Huxley, autor de la novela distópica "Un mundo feliz".

Jean Coutrot se declaraba "socialista", pero era ferozmente antimarxista, el jefe de Sûreté, Chavín, apreció que el socialismo de Coutrot no se ajustaba a ninguna variedad conocida. Y había mucho más en el misterioso personaje, pertenecía a una logia masónica irregular La Synarchie, llamada la Orden Martinista y Sinarquista. Pero, eso no era todo, Coutrot se vinculaba con la extraña y oculta Hermandad Polaire y era parte del terrorista y fascista Cagoule.
 
Entonces, ¿era Coutrot un socialista, un fascista o un ocultista? ¿O de alguna manera los tres? Por último, pero no menos importante, Coutrot era amigo y socio de Charles Spinasse, el funcionario económico francés, que también era amigo y asociado del ruso Dmitry Navachine.

Un descubrimiento importante que hizo el jefe Chavín fue un libro encuadernado en cuero entre los papeles de Coutrot, en costosas letras en relieve de oro, titulaba: "El Pacto Revolucionario Sinarquista" (Pacto Sinárquico). Pretendía ser el manifiesto de una "sociedad secreta politécnica" llamada Movimiento del Imperio sinarquista (MSE en francés) o convención revolucionaria sinárquica. El manifiesto tenía 100 páginas, divididas en 13 capítulos compuestos por 598 "propuestas".

El Pacto Sinarquista y la Caída de Francia

Este Pacto Sinárquico esbozó un plan para "una revolución invisible desde arriba" que destruiría la Tercera República FrancesaReemplazaría el parlamentarismo desordenado con un régimen autoritario controlado por las grandes empresas y dirigido por tecnócratas. Se declaró a sí misma como una fuerza de "acción implacable gobernada por la ley divina" y advirtió que el pacto y la existencia misma del movimiento sinarquista deben mantenerse absolutamente en secreto.

La implicación es que la sinarquía sería para Francia lo que el bolchevismo era para Rusia; el fascismo para Italia; y el nazismo para Alemania. Se suponía que la sinarquía francesa era parte de un Movimiento Sinarquista Internacional más grande que eventualmente unificaría Europa y dominaría el mundo. 

La respuesta básica es que cada grupo atendió a diferentes circunscripciones. Uno podría atender a los místicos, otro a los tecnócratas; uno atrajo a izquierdistas, otro de derechas. Desde el punto de vista sinarquista, todas las ideologías políticas carecían igual de sentido, pero todas eran útiles para lanzar una red más grande.



Mapa que representa la ocupación alemana después de la caída de Francia. (Imagen: Eric Gaba/Dominio público)


La investigación del jefe Chavín

Chavín creía que los sinarquistas conspiraban para difundir su "nueva ideología revolucionaria" en Francia. Afirmó que el primer paso fue la aparición en 1921 de una nueva secta martinista llamada orden martinista y sinárquica. A su cabeza, como gran maestre soberano, estaba un protegido de San YvesVíctor Blanchard.

Los martinistas se habían unido estrechamente a la Logia del Gran Oriente, el cuerpo masónico más grande de Francia. De hecho, los martinistas iniciaron solo a los maestros masones. Víctor Blanchard pensó que esto era demasiado restrictivo. Quería una red más grande para atraer a los no masones e incluso a las mujeres. Según el Jefe Chavín, Blanchard creó otra Convención Revolucionaria Sinárquica secreta en 1922. La Convención supervisó otra sociedad secreta, el Movimiento del Imperio Sinarquista. Blanchard fue secretario del Consejo de Ministros del gobierno francés. (Blanchard reinó como maestro supremo de la Hermandad Polaire y respondía órdenes de maestros ocultos. Tiene que preguntarse: ¿por qué Blanchard necesitaba tantas órdenes secretas?)

El resultado final del informe de Chavín al Ministerio de Justicia francés fue redescubierto después de la Segunda Guerra Mundial y la caída de Francia. El informe expone un régimen de Vichy infestado de sinarquistas. Chavín identificó a los sinarquistas en todos los ministerios, incluso dentro del séquito del jefe de estado de Vichy, el mariscal Philippe Petain.

Especialmente prominentes fueron los jefes de los grandes bancos. Uno de ellos era Jacques Barnaud de Banque Worms, el mismo banco para el que trabajaba Dmitry Navachine. Los conspiradores también incluían socialistas, fascistas, monárquicos, católicos, ateos, tecnócratas y ocultistas. Entonces, ¿quién, o qué, estaba realmente detrás de la cábala sinarquista? El jefe Chavín señaló con el dedo a las altas finanzas y a las grandes empresas.

Vio un movimiento sinarquista controlado no por ocultistas sino por hombres en trajes de negocios. Chavín advirtió que la sinarquía era en última instancia un "movimiento internacional" dirigido por la llamada High Bank. Su objetivo final era reemplazar a los gobiernos de todo el mundo. En su lugar, la sinarquía impondría el autoritarismo global con los financieros en la cima, los industriales justo debajo, y un ejército de tecnócratas y vendedores espirituales de aceite de serpiente para mantener a las masas en línea.

Pero, ¿qué pasa con el ingeniero Jean Coutrot? ¿Fue asesinado? El jefe Chavín consideraba a Coutrot como un sinarquista muy importante y posiblemente el autor del "Pacto Sinárquico". Chavín también creía que Coutrot, con la connivencia de su compañero sinarquista Charles Spinasse, había saboteado deliberadamente la economía francesa antes de la guerra.

Sobre la trama sinarquista detrás de la caída de Francia, Chavín argumentó que todo era parte del plan sinarquista para crear una revolución a través del desastre. Y eso llevó a la calamitosa derrota de Francia en 1940. Chavín sospechaba que Coutrot perdió la fe o se descuidó. El jefe de Sûreté señaló que a principios de mayo de 1941, poco antes de la muerte de Coutrot, se envió un misterioso expediente al jefe de Estado, Petain.

El jefe de la Sûreté de Vichy creía que un complot sinarquista era responsable de la calamitosa caída de Francia y reveló muchos detalles de la trama. Los sinarquistas alrededor de Petain encubrieron esto, pero Chavín creía que Coutrot y su desafortunado secretario pagaron el precio por la traición o indiscreción percibida.

¿Dónde encaja el ruso Dmitry Navachine? En la estimación de Chavín, Navachine había sido demasiado inteligente para su propio bien. Era un martinista y un sinarquista, pero no un conocedor de la trama. Sin embargo, a través de sus tratos con Banque Worms y Charles Spinasse, presumiblemente había aprendido lo suficiente como para hacerlo peligroso.

Hoy se argumenta que el informe Chavín fue una teoría paranoica inventada por un policía sesgado y demasiado crédulo. Quizás. Además de la única copia del "Pacto Revolucionario Sinarquista", realmente no hay evidencia. Algunos piensan que el pacto fue solo un engaño utilizado por una camarilla política francesa de Vichy para atacar a otra. Muchos de los nombrados en el informe Chavín enfrentaron cargos de colaboración con el enemigo, la mayoría evitó un castigo grave.

El historiador de Harvard, William Langer y el profesor Richard Spence creen firmemente en la conspiración sinarquista. Durante la Segunda Guerra Mundial, Langer fue analista de la Oficina de Servicios Estratégicos de los Estados Unidos, precursor de la CIA. Langer garantizó la existencia de una "hermandad internacional de financieros e industriales". En la estimación de Langer, los conspiradores se centraron en la Banque Worms y habían planeado provocar la derrota de Francia en 1940. Por su lado Spence amplia su investigación en otro trabajo: "Conspiración sinarquista en Estados Unidos: el complot empresarial".


*****

En la segunda parte de esta investigación veremos material audio-visual para mejor comprensión del público neófito en la materia. Así como en el futuro dedicaremos a estudiar la obra de Antony Sutton e investigaciones similares.

Fuentes consultadas

-William F. Wertz, Jr.- La ofensiva hitleriana contra Iberoamérica
-Lyndon H. Larouche.- Una definición corta de sinarquismo; y, véase también ¿Qué es el Sinarquismo?; y, La vieja sinarquía europea tras el rescate de la banca quebrada.
Richard Spence, Universidad de Idaho.- Varios artículos de la Serie de Conferencias: La verdadera historia de las sociedades secretas. (julio 2020,Washington, D.C.)
-Daniel Estulin.-  Viñetas de Mahoma y Operación Gladio: Hermanos en Armas.
Wikipedia. Sinarquía
Otros artículos de interés:
-El sinarquismo, el verdadero enemigo de la humanidad
-EL SINARQUISMO. La cruzada mexicana que no fue

NOTA: Igual que en la anterior ponencia, de forma consciente omito los enlaces directos a las fuentes de consulta, es necesario que el lector se incentive en buscar por sí mismo las fuentes, que se cerciore por su propio esfuerzo sobre lo planteado en esta y anterior ponencia.


SINARQUISMO Y GUERRA MUNDIAL

Cómo Londres y Wall Street
respaldaron la guerra de Japón contra
China y Sun Yat Sen

Por Mike Billington

Este artículo aparece en la edición del 11 de junio de 2004 de Executive Intelligence Review.

Durante el mismo período en que Mussolini y sus fascistas llegaron al poder en Italia (el primero de una serie de regímenes sinarquistas que se apoderaron del poder en gran parte de Europa en los años 1920 y 1930), los arquitectos imperiales británicos de este proceso también estaban trabajando en Asia. Los banqueros que controlaban la Conferencia de Versalles de 1919, en lugar de establecer la paz después de la Primera Guerra Mundial, impusieron un régimen de saqueo financiero en Europa y Asia, que rápidamente creó condiciones propicias para el surgimiento de tiranías bonapartistas respaldadas por esos mismos banqueros y, de ese modo, puso en marcha los horrores del fascismo del siglo XX y los conflictos que se convirtieron en la Segunda Guerra Mundial.

Los británicos necesitaban que Estados Unidos los rescatara del sangriento infierno que habían creado en la Gran Guerra, pero después de esa guerra no tenían intención de permitir que surgiera ningún gobierno republicano al estilo estadounidense en Europa o Asia que amenazara ni su hegemonía en la primera ni su dominación colonial en la segunda. Sun Yat Sen[1] era el nombre de su principal problema en Asia. Sun, que había encabezado la revolución republicana en China en 1911, no había logrado consolidarla, pero dirigía un gobierno en el sur de China al final de la Primera Guerra Mundial, en oposición tanto al régimen de Pekín como a los diversos gobiernos autónomos liderados por caudillos (que contaban con el apoyo de Occidente) en gran parte del resto del país. Sun representaba una poderosa fuerza republicana en Asia, dedicada a sacar a China de la subversión colonial que duraba un siglo a manos de los ejércitos privados, los traficantes de drogas y los banqueros de la Compañía Británica de las Indias Orientales. Utilizó métodos extraídos tanto de la antigüedad china como del Sistema Americano de economía política, dominados mediante una educación en Hawai a manos de figuras destacadas de esa tradición.[2]

Frente a esta amenaza a su imperio, los intereses bancarios sinarquistas británicos, centrados en el director del Banco de Inglaterra, Montagu Norman, el director del Banco de Hong Kong y Shanghai, Sir Charles Addis, y el director ejecutivo de JP Morgan, Thomas Lamont, desplegaron sus fuerzas militares y políticas para destruir a Sun Yat Sen y su influencia. Los británicos temían que la cooperación estadounidense con Sun pudiera quebrar el poder de la política colonial europea en China, o incluso establecer un centro republicano en Asia. Como demostraremos aquí, cuando su subversión y saqueo no lograron aplastar el movimiento republicano de Sun, los británicos apoyaron a las fuerzas sinarquistas/fascistas en Japón, financiando la ocupación militar japonesa de China continental.

Los británicos y sus aliados de JP Morgan habían estado luchando contra Sun Yat Sen durante años antes de la Conferencia de Versalles de 1919. Habían intervenido después de la Revolución de 1911, promoviendo varias formas de dictadura, restauración monárquica y caudillismo regional, para expulsar a Sun y su Kuomintang (KMT, o "Partido Nacionalista") de Pekín y, de ser posible, matarlo. Sin embargo, cuando China fue traicionada ante Japón en Versalles ( como Sun Yat Sen había advertido que sucedería ), una oleada de nacionalismo amenazó con llevar a Sun y su KMT al poder, al tiempo que daba lugar al Partido Comunista Chino. Thomas Lamont y Sir Charles Addis pronto determinaron que el control japonés de China sería más seguro para la internacional sinarquista, y comenzaron a patrocinar directamente la ocupación japonesa, iniciando así la Segunda Guerra Mundial.

Al igual que sucedió con el patrocinio británico del ascenso de Hitler al poder, los británicos pagarían un alto precio por su locura, y el mundo sólo sobreviviría gracias a la intervención estadounidense bajo el mando de Franklin Roosevelt.

Sun contra Liang Chi-chao

Antes de presentar los detalles de los papeles desempeñados por Lamont y Addis en este drama perverso, proporcionaré algunos antecedentes sobre la batalla ideológica de la sinarquía contra los principios republicanos en China, desde fines de la década de 1890 hasta la Revolución Republicana de 1911 en China y la Primera Guerra Mundial. Así como Sun Yat Sen fue educado e inspirado directamente por los principios republicanos de la Revolución Americana, su principal antagonista dentro del movimiento reformista, el filósofo y activista político chino Liang Chi-chao, fue una criatura de la sinarquía europea. Dado que el sinarquismo surgió como una ideología sintética para combatir el espíritu y la práctica de la Revolución Americana, especialmente en Europa, es lógico que Sun y Liang surgieran como los polos opuestos entre quienes promovían el cambio en China en los últimos días de la dinastía Ching.

Mientras Sun organizaba un movimiento revolucionario en la década de 1890 para derrocar a la dinastía Ching (manchú) y construir una república según el modelo estadounidense, Liang colaboraba con el principal reformista de la época, Kang You-wei. Kang se había ganado la confianza del joven emperador Kuang Hsu y lo había organizado para que declarara una serie de reformas (conocidas como la Reforma de los Cien Días de 1898), pero sin cuestionar ni la forma imperial de gobierno ni el estatus semicolonial de China bajo las "esferas de influencia" de las potencias europeas. La corte Ching y el ejército pronto tomaron medidas enérgicas contra el joven emperador y sus amigos reformistas. La emperatriz viuda Tz'u Hsi puso a su hijo bajo una especie de arresto domiciliario y gobernó en su lugar. Liang Chi-Chao huyó a Japón, donde pasó la mayor parte de la primera década del siglo XX. Allí, tanto él como Sun Yat Sen, en el exilio como resultado de su papel en varios levantamientos armados en el sur de China, establecieron organizaciones separadas, compitiendo por el apoyo de la comunidad china exiliada en Japón y otros lugares.

Este conflicto entre Liang y Sun se convirtió en el eje central del debate entre los jóvenes chinos sobre el destino de China. Sun y sus seguidores publicaron una revista llamada Min Bao (La revista del pueblo), mientras que Liang tenía su propia revista, llamada New Citizen. Las dos revistas eran leídas por chinos de todo el mundo. Min Bao promovía el derrocamiento del sistema dinástico y la construcción de una república, mientras que New Citizen predicaba la reforma bajo una monarquía constitucional; Min Bao promovía los Tres Principios del Pueblo de Sun Yat Sen, basados ​​en el concepto de Abraham Lincoln de gobierno del pueblo, por y para el pueblo; mientras que New Citizen abogaba por un absolutismo ilustrado como única alternativa a la anarquía; el primer número de Min Bao contenía imágenes del Emperador Amarillo (el venerado emperador chino de la antigüedad) y de George Washington; mientras que New Citizen retrataba a Napoleón y Bismarck.

La evolución ideológica de Liang es directamente paralela al movimiento sinarquista de los siglos XVIII y XIX. Comenzó como alumno de Giuseppe Mazzini, al que elogió como profeta y principal teórico e ideólogo de los movimientos patrióticos en Europa. Liang tradujo las obras de Mazzini y en 1900 escribió un ensayo titulado "Oda a la joven China", en el que se consideraba el portavoz chino del movimiento de la Joven Europa creado por Mazzini (que en realidad era una operación del británico Lord Palmerston para impedir que la influencia de la Revolución estadounidense se extendiera por Europa).

Al igual que Mazzini, Liang admiraba, por encima de todo, el sistema parlamentario británico y la raza anglosajona ("una raza enormemente dotada de espíritu de independencia y autosuficiencia: los chinos deben aprender de los anglosajones").[3] Comparó al Primer Ministro británico con el éforo de Esparta en la antigua Grecia (la historia de Esparta y Atenas de Liang puso patas arriba a Friedrich Schiller, elogiando la superioridad de Esparta sobre Atenas por su disciplina y orden).

Liang retrocedió entonces en el tiempo hasta la Revolución Francesa, que se convirtió en objeto de su admiración en numerosos ensayos. Con el tiempo, llegó a cuestionar la matanza masiva de los jacobinos, pero, al igual que los sinarquistas que orquestaron el proceso, trasladó su admiración a la dictadura derechista de Napoleón. Esto lo llevó a la escuela del Staatsrecht del jurista suizo Johann Kaspar Bluntschli. Liang citó a Bluntschli en sus polémicas contra Sun Yat Sen, argumentando, en un ensayo titulado "Sobre el absolutismo ilustrado" -en sintonía con la teoría sinarquista- que lo opuesto al absolutismo no es la democracia o el republicanismo, sino la anarquía, y que la revolución sólo puede conducir a la dictadura, no a una república. Comparó la escuela del legalismo en la antigua China con el absolutismo que tanto admiraba en Napoleón y Bluntschli -y en esto, Liang tenía razón, en cuanto a que la escuela legalista era el orden fascista de esa época. Dio origen a la tiranía de la dinastía Ch'in (221-206 a. C.), que quemó los textos confucianos y enterró vivos a los eruditos confucianos, haciendo retroceder a China más de un milenio hasta el renacimiento confuciano de la dinastía Sung en los siglos X y XI.[4]

Liang viajó a Estados Unidos en 1903, patrocinado por la Sociedad para la Protección del Emperador. Aunque se dirigió principalmente a las comunidades chinas de Estados Unidos y Canadá, también se reunió con el presidente Theodore Roosevelt y JP Morgan. Si bien quedó debidamente impresionado por estos augustos portavoces de la sinarquía antiamericana en Estados Unidos, su visión de los chinos era más cínica: "El pueblo chino tiene que aceptar un gobierno autoritario por ahora y no merece la libertad". Dijo que muchos chinos estaban "ebrios de republicanismo", pero que él había "regresado de Estados Unidos para soñar con Rusia".

Tal vez el aspecto más revelador de la obra de Liang Chi-chao fue su patrocinio de un nuevo estilo de escritura, lo que demuestra su incapacidad para comprender los fundamentos del proceso creativo. Liang siguió a Aristóteles al describir el pensamiento científico como un proceso de formulaciones silogísticas, y siguió a Hobbes al prácticamente proscribir la metáfora. En su ensayo "Sobre el absolutismo ilustrado", Liang describió su nuevo estilo como "argumentación lógica estricta y directa, aplicación dual de la inducción y la deducción, sin atreverse a decir una palabra de fantasía subjetiva". Advirtió que el mayor peligro es el emocionalismo y se quejó de que "no se puede encontrar ningún espíritu de investigación científica, sino sólo espontaneidad emocional entre los educados de nuestro país". Su odio a la ciencia real se manifestó en sus polémicas contra Sun Yat Sen, a quien ridiculizó por "soñar con el republicanismo, igual que soñaba con importar trenes y barcos".

La revolución y JP Morgan

El movimiento revolucionario de Sun Yat Sen llegó al poder en 1911, y Sun Yat Sen fue proclamado primer presidente de la República. Sin embargo, a pesar de haber forzado la abdicación de la Corte Imperial en Pekín, la revolución había tomado el poder real sólo en el sur. Sun no quería entrar en batalla con el núcleo del ejército imperial, que permaneció prácticamente intacto bajo el mando del general imperial Yuan Shi-kai. En un movimiento calculado para evitar una mayor guerra civil y al mismo tiempo preservar la República, Sun aceptó renunciar a la presidencia en favor de Yuan Shi-kai, con el acuerdo de que Yuan honraría a la República y sus leyes. Sun asumió el cargo de director de la Oficina Nacional de Ferrocarriles para continuar con el desarrollo del "Desarrollo Internacional de China", como más tarde llamaría a su programa.

El riesgo calculado fracasó, ya que Yuan Shi-kai rápidamente transformó su reinado en una dictadura (e incluso restauró la monarquía por un breve período antes de su muerte en 1916). Sun y el KMT fueron expulsados ​​del gobierno y de la legislatura. En 1913, Sun había establecido un contragobierno en el sur de China; pasarían otros 15 años antes de que la nación finalmente se unificara bajo el KMT de Sun. Liang Chi-chao, por otro lado, fue bienvenido en el gobierno de Yuan en Pekín, donde ocupó una serie de puestos en el gabinete, incluidos los de justicia, finanzas y consejero de estado.

Con estos antecedentes, el foco se desplaza hacia los designios sinarquistas de subvertir la nueva república china. China había estado bajo creciente dominio británico (aunque nunca totalmente colonizada) desde las Guerras del Opio que comenzaron en la década de 1840, y a otras potencias europeas se les habían concedido "esferas de influencia" en China y sus alrededores, aunque el proceso general permaneció bajo control británico. En 1895, Japón se unió al juego, derrotando a China en una guerra por la influencia en Corea. Japón colonizó Corea y adoptó Manchuria y Mongolia Interior como su esfera de influencia en China. En el proceso, Japón también estableció una relación especial con los británicos, en alianza con varias casas bancarias aliadas de Nueva York. Jacob Schiff, de Kuhn Loeb, por ejemplo, recibió una Orden Real Japonesa por su papel en la financiación de la guerra de Japón con Rusia en 1905, una guerra librada en parte por áreas de control dentro de China.

La Casa Morgan, que funcionaba como un brazo de la política imperial británica en los Estados Unidos, se involucró seriamente por primera vez en la formación de un Consorcio de banqueros para China, en 1909, integrado por intereses bancarios de los Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y Alemania. Los británicos, bajo la dirección del director del Banco de Hong Kong y Shanghái, Sir Charles Addis, asumieron la dirección general del Consorcio, con un representante de JP Morgan al frente del Grupo Americano. Aunque el Consorcio financió una línea ferroviaria de Shanghái a Cantón, su principal tarea era apuntalar a la decadente dinastía Ching contra la creciente presión revolucionaria republicana.

Cuando el presidente Woodrow Wilson asumió el cargo en 1913, uno de sus primeros actos fue retirar a Estados Unidos del Consorcio, al que calificó de instrumento de los intereses de la política imperial en China. Wilson nombró al profesor Paul Reinsch como emisario de Estados Unidos en China. Reinsch era el principal estudioso de China de la época y cofundador, junto con Wilson, de la Asociación Estadounidense de Ciencias Políticas. Reinsch provenía de los círculos de Robert LaFollete en Wisconsin y, aunque no tenía experiencia en diplomacia ni en el trato con las maquinaciones colonialistas y sinarquistas, creía en la dedicación de Estados Unidos a la construcción de naciones, a través de su liderazgo en ciencia e industria, como base necesaria para poner fin a la explotación colonial de China y ayudar a construir un estado soberano moderno y próspero. Adoptó la política de puertas abiertas que propuso por primera vez John Hay, secretario de Estado de la administración McKinley en 1899, como un medio para romper las esferas coloniales de interés que dividían a China. El alumno de Reinsch, Stanley Hornbeck, serviría a la misma causa desde dentro del Departamento de Estado durante la década siguiente.

Reinsch negoció contratos para literalmente docenas de grandes proyectos en China entre 1913 y 1919. Entre ellos, un enorme proyecto de control de inundaciones e irrigación llamado Huai River Conservancy; un plan nacional para unificar el sistema ferroviario y añadir 10.000 millas de líneas ferroviarias en 20 años; un proyecto de construcción naval militar y comercial con Bethlehem Steel; exploración petrolera con Standard Oil; reconstrucción del Gran Canal; varios programas agrícolas; y más. Desafortunadamente, todos estos proyectos, salvo unos pocos, nunca se concretaron.[5]

Reinsch nunca superó (ni siquiera entendió) el poder de la sinarquía sobre las finanzas globales. El comienzo de la Segunda Guerra Mundial en agosto de 1914 desvió los fondos disponibles y las prioridades de Asia, socavando el desarrollo, pero igual de mortal para los planes de Reinsch fue el sabotaje constante de los británicos y de Wall Street de JP Morgan; de los japoneses y sus partidarios bancarios occidentales; y, finalmente, la traición de China por parte de su amigo en la Casa Blanca, Woodrow Wilson.

Reinsch llegó a China a raíz de la expulsión del KMT de Sun Yat Sen del Parlamento por parte del presidente Yuan Shi-kai en 1913. Reinsch, como se esperaba de un diplomático estadounidense, apoyó al gobierno de Yuan en Pekín, pero estaba comprometido con la unificación de la nación y ofrecía contribuciones estadounidenses para el desarrollo de la infraestructura nacional, al norte y al sur.

Además, Reinsch tomó medidas para implementar los planes de desarrollo ferroviario de Sun. Durante 1912, mientras Sun servía en el gobierno de Yuan como jefe de la Oficina Nacional de Ferrocarriles, había desarrollado un plan para un sistema ferroviario unificado para China, publicado varios años después como pieza central de su libro El desarrollo internacional de China. La propuesta apuntaba a conectar a China internamente, y también con sus vecinos, a través de un amplio desarrollo ferroviario y portuario, al tiempo que corrigía uno de los problemas creados por el legado colonial: cada sistema ferroviario en las diferentes esferas de influencia colonial tenía vías de un ancho de vía diferente, lo que permitía la extracción de materias primas por parte de cada potencia, pero hacía imposible el viaje o el transporte de una parte del país a otra por ferrocarril.

``Prevenir a la gente de Chicago''

En 1914, Reinsch tomó la iniciativa de reunir a las principales empresas constructoras de Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y Alemania para trabajar en una versión modificada de la propuesta de Sun. Creó una Compañía de Construcción Sino-Internacional para llevar a cabo la unificación y expansión del sistema ferroviario. Reinsch se sintió ofendido cuando el presidente Wilson rechazó el plan en el último minuto, el primero de muchos enfrentamientos con su amigo Wilson, que terminarían en una ruptura total en 1919.

Reinsch también empezó a reconocer que sus principales enemigos se encontraban en la Casa Morgan, a la que reconoció como una defensora de la política británica de mantener dividida a China. Para contrarrestar la influencia de Morgan, Reinsch buscó alternativas a su dominio de la financiación extranjera para China. En primer lugar, recurrió a Frank Vanderlip, director del National City Bank, a quien ayudó a crear la American International Corporation (AIC) en 1915. Esta parecía prometedora, ya que en 1916 se negociaron una serie de ferrocarriles para el centro y el sur de China, así como varios proyectos portuarios y de canales. En este caso, también el plan fracasó, ya que la AIC acabó apoyando a Morgan y a la oposición británica a cualquier desarrollo que infringiera la política de esferas de influencia.

Reinsch se dirigió entonces a Chicago, donde John Abbott, del Continental and Commercial Trust and Savings Bank, creía Reinsch, era más independiente de Wall Street y Londres. Cuando la conexión con Chicago empezó a dar resultados, con una serie de préstamos y planes para reunir a los gobiernos del norte y del sur en proyectos de desarrollo conjuntos bajo la dirección de Abbott, Morgan empezó a presionar para que se formara un nuevo consorcio de banqueros que, en palabras del secretario de Estado Robert Lansing, tenía como objetivo "prevenir a la gente de Chicago".

Mientras tanto, Japón se había convertido en un defensor cada vez más vocal y beligerante de sus derechos especiales en China, en contra de la iniciativa de puertas abiertas. Reinsch, un feroz oponente de los designios imperiales japoneses en China, también reconoció que Gran Bretaña y Wall Street estaban saboteando todos los planes de desarrollo en China, explícitamente sobre la base de que tales planes ofenderían los intereses especiales de Japón y pondrían en peligro las relaciones occidentales con Tokio. Reinsch advirtió a Washington sobre las ambiciones amenazantes de Japón cuando el ejército japonés se apoderó de las áreas de influencia alemana en China, en la provincia de Shandong, inmediatamente después del inicio de la Gran Guerra en 1914, bajo el pretexto de apoyar el esfuerzo bélico británico contra Alemania. Luego, en enero de 1915, Japón aprovechó aún más la preocupación de las potencias europeas por la guerra en Europa, para emitir sus infames 21 Demandas, declarando derechos de desarrollo exclusivos en Manchuria y otras áreas críticas de China, y exigiendo otros poderes, incluso más directos, sobre las políticas militares, económicas y gubernamentales chinas.

En enero de 1917, Reinsch intentó eludir la pretensión de Japón de tener derechos exclusivos en Manchuria, al conseguir financiación para una ruta ferroviaria alternativa al Ferrocarril del Sur de Manchuria, de propiedad y control japonés, una concesión que habían obtenido de Rusia y China después de la guerra ruso-japonesa de 1905. Japón protestó por el nuevo proyecto ferroviario chino, alegando que sus 21 demandas (la mayoría de las cuales habían sido aceptadas por el presidente Yuan Shi-Kai) otorgaban a Japón un derecho preferencial general en lo que respecta al desarrollo ferroviario en Manchuria y Mongolia Interior, ¡incluso por encima del propio gobierno chino! Reinsch replicó que Estados Unidos no reconocía posiciones especiales, pero una vez más el presidente Wilson rechazó la posición de Reinsch, e incluso aseguró a Japón que Estados Unidos respetaría su posición especial en Manchuria.

Thomas M. Lamont, fascista internacional

En 1917, la Casa Morgan y sus aliados británicos estaban decididos a poner fin a estos esfuerzos estadounidenses por frustrar sus derechos de saqueo en China y permitir que China se unificara bajo un gobierno republicano. Después de la muerte del presidente Yuan Shi Kai en 1916, el gobierno de China quedó dividido en la práctica entre numerosos caudillos, un gobierno fracturado en Pekín y un gobierno separado en el sur bajo Sun Yat Sen, una división que agradaba mucho a los banqueros angloamericanos de mentalidad colonial. No obstante, se decidió que era necesario un nuevo Consorcio, no para financiar el desarrollo de China, sino exactamente lo contrario: para impedir préstamos de "prestamistas deshonestos", ya fueran de Chicago o de algún tercer país, mediante la afirmación de un control centralizado sobre todos los préstamos extranjeros, es decir, un precursor del control del Fondo Monetario Internacional (FMI) de la actualidad sobre los préstamos y las políticas económicas hacia las naciones en desarrollo.

El presidente Wilson aceptó la creación del nuevo consorcio de banqueros y, al finalizar la Gran Guerra, en octubre de 1918 se creó un segundo consorcio para China. Se eligieron dos hombres para dirigir la operación: como jefe del grupo británico, Sir Charles Addis, director del tristemente célebre banco colonial de la droga, el Hongkong and Shanghai Bank, y amigo íntimo del jefe del Banco de Inglaterra, Montagu Norman; como jefe del grupo americano, Thomas W. Lamont, director ejecutivo de JP Morgan, que durante los años 20 y 30 contribuiría directamente a la creación de regímenes fascistas en Italia, Alemania y Japón. Tanto Addis como Lamont, en la tradición del control de la Compañía Británica de las Indias Orientales sobre el Imperio Británico, hablaban no sólo en nombre de las casas bancarias que dirigían, sino también en nombre del Ministerio de Asuntos Exteriores británico y del Departamento de Estado de los Estados Unidos, respectivamente. John Abbott, del Chicago Continental and Commercial Trust, intentó conseguir el nombramiento como jefe del Consorcio, pero el dominio de JP Morgan en la financiación del esfuerzo bélico en Europa era tal que el gobierno de Wilson no se atrevió a negar la demanda de Morgan de dirigir el Consorcio de China.

No obstante, Abbott y Reinsch organizaron una conferencia en Shangai en abril de 1919 entre los líderes del norte y el sur de China, centrada en su plan (el plan de Sun) de unificar el sistema ferroviario chino, pero que también tenía como objetivo la reconciliación política nacional. Sun Yat Sen apoyó firmemente este esfuerzo y pidió a los Estados Unidos (en lugar de los británicos) que asumieran el control de la gestión de la financiación de los préstamos para el proyecto. Abbott dijo: "En todas partes, esperan que Estados Unidos salve a China".

Sun acababa de terminar su monumental obra International Development of China, en la que sostenía que la enorme capacidad productiva desarrollada (sobre todo en Estados Unidos) para la conducción de la Gran Guerra debía mantenerse orientándola hacia la industrialización de China, no sólo por el bien de China, sino como único medio de impedir que el mundo occidental degenerara rápidamente en una depresión económica, nuevos conflictos y otra guerra mundial. Sun presentó sus planes a Reinsch, quien hizo que su agregado comercial, Julian Arnold, los estudiara y los discutiera con Sun en marzo de 1919, antes de la conferencia ferroviaria de Shanghái en abril.

Estos prometedores avances se vieron socavados por dos acontecimientos simultáneos en Francia. En primer lugar, la Conferencia de Versalles, que puso fin a la Primera Guerra Mundial y estableció las políticas internacionales para la era de posguerra, fue un desastre, no sólo para Europa, donde la imposición de reparaciones a la diezmada economía alemana aseguró las condiciones de crisis económica que permitirían el surgimiento de regímenes sinarquistas/fascistas, sino también para Asia, donde el presidente Wilson traicionó a China al retener las esferas coloniales de influencia y otorgarle a Japón el control sobre las antiguas regiones alemanas.

Sun Yat Sen había previsto precisamente este resultado cuando se opuso a que China se uniera a la guerra contra Alemania, en su libro de 1917 El problema vital de China. Sun desafió la descripción británica de Alemania como militarista y agresiva, preguntando: "¿Es correcto que Inglaterra robe a China Hong Kong y Birmania, obligue a nuestro pueblo a comprar y fumar opio y marque porciones del territorio chino como su esfera de influencia?... Si uno realmente quiere defender la causa de la justicia hoy, primero debe declarar la guerra a Inglaterra, Francia y Rusia, no a Alemania y Austria... Cuando otro país es lo suficientemente fuerte como para ser utilizado, Gran Bretaña sacrifica a sus propios aliados para satisfacer sus deseos, pero cuando ese país se vuelve demasiado débil para ser de alguna utilidad para sí mismo, lo sacrifica para complacer a otros países". Gran Bretaña trata a sus amigos como un cultivador de seda trata a sus gusanos de seda, dijo Sun: "Después de que toda la seda ha sido extraída de los capullos, se destruyen con el fuego o se utilizan como alimento para peces".

La traición de Wilson en Versalles, el 30 de abril de 1919, desató en China una revuelta nacionalista llamada el Movimiento del 4 de Mayo. Este movimiento juvenil se convirtió en el campo de entrenamiento y reclutamiento tanto del Partido Nacionalista de Sun Yat Sen como del emergente Partido Comunista. El principal portavoz sinarquista de Londres, Bertrand Russell, viajó a China en 1921-22, patrocinado nada menos que por la "Sociedad para las Conferencias sobre Chino" de Liang Chi-chao. Liang también patrocinó el viaje de John Dewey a China, que fue financiado por New Republic, una publicación creada por el socio de Morgan y veterano en China, Willard Straight. Entre ellos, Russell y Dewey pusieron en marcha un proceso de subversión que infestaría a China durante décadas, hasta llegar a la pesadilla de la Revolución Cultural en los años 60.

El apoyo de Wilson a las demandas de Japón en Versalles traicionó no sólo a China, sino también a su amigo, el embajador de Estados Unidos Reinsch. Cuando Estados Unidos declaró la guerra a Alemania en 1917, Reinsch fue llamado a convencer a China para que también se uniera a la guerra contra Alemania. Reinsch, que según algunos se oponía a la guerra, convenció a China prometiéndoles que se les concedería la soberanía sobre los antiguos territorios alemanes en China, que habían sido ocupados por Japón al comienzo de la guerra.

El acuerdo contrario que Wilson alcanzó en Versalles con Gran Bretaña y Japón dejó atónito a Reinsch, quien escribió en respuesta que la decisión de permitir que Japón conservara los antiguos territorios alemanes en China "destruyó toda confianza en una Liga de Naciones, que tenía un hecho tan feo como piedra angular". Consideró la decisión una amenaza a la seguridad de Estados Unidos y un abandono de la Puerta Abierta, y apoyó la negativa de China a firmar el acuerdo. Reinsch incluso se reunió con los líderes estudiantiles del Movimiento del 4 de Mayo, apoyando su boicot antijaponés. El 7 de junio de 1919, renunció a su cargo de enviado de Estados Unidos a China y rompió oficialmente con Wilson, advirtiendo que, a menos que se revocara la decisión de Versalles, "se perderán los frutos de 140 años de trabajo estadounidense".

En Francia, al margen de la Conferencia de Versalles, se produjo un segundo acontecimiento que resultaría aún más letal para el futuro de Asia. El recién creado Consorcio, con representantes de Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia y Japón, se reunió en las oficinas de París del Banco de la India, presidido por Thomas Lamont. Tras su victoria en Versalles, la delegación japonesa en el Consorcio insistió en que Manchuria y Mongolia Interior quedaran excluidas de los acuerdos del Consorcio, debido a los "intereses especiales" de Japón. Aunque Lamont estuvo de acuerdo, la ira internacional por la traición de China en Versalles hizo imposible aceptar plenamente la demanda japonesa. En cambio, el Consorcio acordó que el Ferrocarril del Sur de Manchuria y otros proyectos japoneses ya existentes en China quedarían excluidos de la supervisión del Consorcio, pero no concederían ninguna exclusión regional , al menos no públicamente. Lamont organizó entonces un viaje a Japón a principios de 1920 para seguir debatiendo la estrategia sinarquista para Asia.

Japón y China

El viaje de Lamont a Tokio en 1920 marcó el comienzo de un proceso mediante el cual los británicos y su aliado Morgan apoyarían y financiarían sistemáticamente la ocupación japonesa de China durante las décadas de 1920 y 1930, al mismo tiempo que se establecían regímenes fascistas en toda Europa. Lamont estuvo acompañado en Japón por el gobernador de la Reserva Federal de Nueva York, Benjamin Strong, un destacado colaborador del jefe del Banco de Inglaterra, Montagu Norman. Lamont estableció estrechas relaciones personales con Inouye Inosuke, que alternaría entre director del Banco de Japón y ministro de Finanzas, hasta su muerte en 1932, y con el barón Takuma Dan, director de Mitsui, tal vez el hombre más rico de Japón.

Inouye se desempeñó como jefe del Grupo Japón en el Consorcio de China. Enfrentados a la oposición internacional a los designios imperiales japoneses en China, Lamont e Inouye idearon un medio para sortear la oposición oficial de los gobiernos occidentales, incluido el de los Estados Unidos: los grupos bancarios occidentales en el Consorcio intercambiarían notas con el grupo bancario japonés, reconociendo los intereses especiales japoneses en Manchuria y Mongolia Interior, ¡a pesar de la oposición de sus gobiernos! Sin embargo, el Departamento de Estado se enteró del plan y lo detuvo, para gran irritación de Thomas Lamont. No obstante, el acuerdo privado entre los banqueros fue entendido entre ellos, lo que fue suficiente garantía para que los japoneses aceptaran ser miembros del Consorcio sin un acuerdo formal sobre sus derechos especiales sobre el noreste de China.

Lamont también visitó China, donde presentó las condiciones que se esperaban de los chinos si se les otorgaba algún préstamo del Consorcio. Estas condiciones incluían la aceptación por parte de China del control internacional sobre los ferrocarriles del país; el uso de los ingresos del monopolio del tabaco y el vino para garantizar cualquier préstamo (prácticamente todas las demás fuentes de ingresos ya estaban vinculadas a los préstamos británicos); y el pago total de la parte alemana de los bonos ferroviarios de 1911 del primer Consorcio. Esta última exigencia era particularmente escandalosa, ya que China había renunciado a la parte alemana del préstamo cuando declaró la guerra a Alemania en 1917, a instancias de los británicos y los Estados Unidos, y de acuerdo con la práctica aceptada internacionalmente.

Sin embargo, resultó que JP Morgan había dispuesto que muchos de los bonos alemanes se vendieran a inversores estadounidenses, ¡y estos tenían la intención de cobrarlos! Lamont insistió en que los bonos se pagaran en su totalidad o no habría nuevos préstamos del Consorcio.

Esta fue una excusa conveniente para una política previamente determinada de privar a China de crédito. De hecho, durante toda la existencia del Consorcio, ¡nunca ofreció ni concedió un solo préstamo a China!

Lamont también visitó a Sun Yat Sen y le dijo que "el presidente Wilson me pidió que averiguara si había alguna manera de lograr la paz entre el Sur y el Norte, para que, unidos, los dos gobiernos pudieran tomar las medidas adecuadas para deshacerse de los tuchens (señores de la guerra) que asolan y desangran al país interviniente". Según Lamont, Sun respondió: "¿Paz entre el Norte y el Sur? Pues sí. Sólo tiene que darme 25 millones de dólares, señor Lamont, y yo equiparé a un par de cuerpos de ejército. Entonces tendremos la paz en poco tiempo". Cualquiera que fuera la respuesta real de Sun, Lamont informó a Washington que Sun era un líder peligroso, antidemocrático y corrupto.

El viaje de Lamont a Asia fue aclamado en Estados Unidos como un triunfo, supuestamente por haber convencido a Japón de unirse al Consorcio sin las concesiones que había exigido, incluso cuando Japón estaba expandiendo sus inversiones y personal (tanto civil como militar) hacia Manchuria y Mongolia Interior. Lamont se dispuso inmediatamente a convencer al gobierno de Estados Unidos de que el desarrollo del Ferrocarril del Sur de Manchuria y el corredor que lo rodeaba por parte de Japón eran dignos de crédito del sistema bancario de Estados Unidos, ¡que Japón podía desarrollar a China mejor que China misma! Esto fue rechazado por el Departamento de Estado. Lamont escribió astutamente a Inouye, sugiriendo que "el primer préstamo (de Estados Unidos a Japón) debería ser algo más puramente japonés, en lugar de estar íntimamente relacionado con el continente asiático".

Préstamos a Japón, embargo a China

En 1923, cuando un terremoto azotó Japón y devastó Tokio, Lamont tuvo su oportunidad. Además de asumir la responsabilidad personal de recaudar contribuciones humanitarias para Japón en los Estados Unidos, Lamont rápidamente organizó y obtuvo la aprobación de un préstamo del Gobierno Imperial Japonés de 150 millones de dólares, obtenido en Nueva York y Londres, el préstamo extranjero más grande jamás otorgado en el mercado de los Estados Unidos. A partir de entonces se otorgaron muchos más préstamos.

Mientras tanto, los banqueros chinos de Pekín intentaron liberarse del control del Consorcio. En 1920-21, formaron el Fondo Consolidado de Préstamos, cuyo objetivo era reorganizar todos los bonos nacionales de modo que los ingresos procedentes de las aduanas, la sal, el vino y el tabaco se depositaran en el Fondo, en lugar de estar subordinados al control extranjero (principalmente a través del Banco de Hong Kong y Shanghai). Todo esto estaba dentro de los derechos soberanos del Gobierno chino. En octubre de 1921, emitieron un Manifiesto de los Banqueros Chinos, en el que exigían que los ingresos procedentes de las aduanas y otros se depositaran en bancos chinos; que los banqueros chinos participaran en el Consorcio; que se prohibiera a los bancos extranjeros emitir billetes dentro de China; y se oponían a una mayor propiedad extranjera de los ferrocarriles chinos.

En cuestión de semanas se produjo una retirada masiva de fondos del Banco de China. El Ministro de Finanzas, Dr. WW Yen, afirmó que la retirada masiva de fondos se había producido "sin previo aviso y sin motivo aparente". Un ministro británico en China describió al Dr. Yen como "integrado por los peores elementos extrachinos. Es cristiano por religión, estadounidense por educación y, habiendo sido ministro en Alemania antes y durante la mayor parte de la guerra, es antibritánico, pro-Bosch y pro-estadounidense".[6]

Los intereses patrióticos estadounidenses también hicieron un último intento por superar el bloqueo del Consorcio en China, al proporcionar programas de desarrollo al gobierno de Sun Yat Sen en el Sur. Incluso mientras Sun boicoteaba el comercio con Hong Kong, en represalia por la negativa británica a renunciar a los ingresos de la sal, el agregado militar estadounidense y el vicecónsul en Cantón discutieron planes con Sun para el desarrollo del puerto de Cantón. El Secretario de Comercio de los Estados Unidos (más tarde Presidente) Herbert Hoover apoyó estos esfuerzos, hasta la muerte del Presidente Warren Harding en 1923, después de lo cual el Presidente Calvin Coolidge respaldó al Consorcio.

Incluso uno de los representantes del Grupo Americano en el Consorcio, F. W. Stevens, argumentó que abandonar el Sur significaría sacrificar los intereses estadounidenses en beneficio de los británicos. Lamont denunció a Stevens, diciéndole que, a menos que tuviera "plena fe en el Grupo Británico, entonces no era el hombre adecuado para nosotros". Lamont incluso envió memorandos confidenciales antibritánicos de Stevens, tanto a Addis Abeba como al Ministerio de Asuntos Exteriores británico.

El Dr. Paul Mallman, ingeniero consultor y químico, organizó la construcción de una planta de fundición de hierro en el Sur para producir raíles de acero. Más tarde presentó una denuncia formal en Washington en la que afirmaba que el Consorcio había bloqueado el proyecto, afirmando que "United States Steel y JP Morgan and Co. estaban detrás de ello" y que se había enterado de que el Consorcio había "ordenado el cierre de todos los mercados monetarios para China".

División de China

La negativa británica a colaborar con Sun Yat Sen se tradujo en operaciones militares abiertas contra él en 1922. El cónsul general británico en Shanghái, tras revisar el libro de Sun titulado Desarrollo internacional de China, acusó a Sun de intentar sustituir a Cantón como centro de transbordo al Hong Kong colonial y lo relacionó con las actividades bolcheviques en el sur. Los británicos, bajo la dirección de Addis, proporcionaron a Chen Chung-ming, un caudillo de la región de Cantón, un préstamo de 500.000 dólares para llevar a cabo un asalto militar contra Sun y su base del KMT en Cantón, que casi tuvo éxito. Al mismo tiempo, Addis empezó a hacer tratos económicos y militares directos con otros caudillos regionales, alentándolos a actuar independientemente de Pekín o Cantón.

De manera similar, Lamont, en 1923, dijo que dudaba de que "la organización civil existente (de China) pudiera ser revivida alguna vez". Propuso la subdivisión de China mediante el establecimiento de "provincias autónomas, organizadas por el pueblo, y la creación por éste de un Gobierno central enteramente nuevo para mantener únicamente las relaciones exteriores".

En 1924, ante la vivisección intencionada de China por parte de los británicos y los Estados Unidos, Sun recurrió al nuevo gobierno soviético en Moscú en busca de apoyo para construir las fuerzas militares necesarias para unificar el país. Aunque Sun murió en 1925, su sucesor elegido, Chiang Kai-shek, dirigió los ejércitos del KMT hacia el norte en 1926, unificando finalmente la nación bajo el liderazgo republicano en 1928.

En 1927, Lamont se apresuró a viajar a Japón, decidido a proporcionar apoyo angloamericano al control japonés sobre el desarrollo de los recursos de China, es decir, una ocupación colonial. Para lograrlo, tuvo que superar el sentimiento antijaponés en los Estados Unidos y en otros lugares, que se había intensificado cada vez más a medida que Japón revelaba sus intenciones imperialistas en China. "Creo en el pueblo japonés", dijo Lamont a un público japonés. "Esas conversaciones sobre la guerra entre nuestros dos países, que a veces oímos, son a la vez perversas y estúpidas". Su amigo Inouye, entonces ministro de Finanzas, le proporcionó a Lamont estudios detallados de los planes japoneses para la expansión del Ferrocarril del Sur de Manchuria, y le pidió un préstamo de 30 millones de dólares, que sería garantizado por el gobierno japonés. Lamont, al defender el préstamo en Washington, escribió: "El estado de la administración china -dividida, corrupta, no oficial y desgarrada por los conflictos- descartaba cualquier posibilidad de que China pudiera desarrollar la provincia [Manchuria] por sí misma".

Lamont insistió además, como en sus conversaciones con el senador Frank Kellogg, en que Japón había "abandonado la fuerza militar como medio de expansión en Asia y no tenía ningún designio imperialista sobre su vecino".[7] Argumentó que "la característica cardinal de su política es la amistad y la cooperación con Estados Unidos".[8] En diciembre de 1927, al hablar ante el Instituto de Relaciones del Pacífico (IPR), Lamont instó a estos expertos en China a alentar a China a "resolver sus diferencias hasta el punto de invitar conjuntamente a la amable cooperación de los intereses extranjeros, los estadounidenses, los británicos y los japoneses. No veremos ninguna guerra por los intereses japoneses en el continente asiático".

Mientras que a la China republicana se le seguía negando el acceso al crédito, bajo el control, similar al del FMI, del consorcio dirigido por Lamont y Addis, el JP Morgan de Lamont inyectó dinero en Japón. Cuando en 1927 el Departamento de Estado rechazó el intento de Lamont de obtener préstamos directos para el proyecto colonial japonés del Ferrocarril del Sur de Manchuria en China, Lamont aconsejó a los japoneses que crearan un holding que absorbería el Ferrocarril, de modo que él pudiera gestionar los préstamos al holding sin hacer referencia a las incursiones en China. "Lo que tenemos en mente", escribió a su amigo Inouye, "es evitar en este mercado el nombre del Ferrocarril del Sur de Manchuria".

En respuesta a la Campaña del Norte para unificar China bajo el KMT de Chiang Kai-shek, los militaristas japoneses expandieron aún más su poder sobre el gobierno de Tokio en 1927. Una intervención militar japonesa en Shandong, con la intención de consolidar el poder en esa provincia y de interceptar a las fuerzas del KMT que se desplazaban hacia el norte, fue recibida con denuncia internacional y fue cancelada. Sin embargo, en 1928, el ejército japonés en Manchuria hizo estallar el vagón de tren que transportaba al caudillo manchú Chang Tso-lin, culpando al KMT, y expandió el control japonés en la región como respuesta a la "inestabilidad".

Se escucharon peticiones de sanciones y reprimendas en todos los gobiernos occidentales, pero JP Morgan continuó el flujo de dinero hacia Japón, mientras que Lamont siguió defendiendo y promoviendo a Japón como amigo de Estados Unidos en la región. En 1931, JP Morgan había otorgado préstamos por 263 millones de dólares a los prestatarios japoneses, incluidos préstamos directos al gobierno en 1930.

Mukden

El gobierno chino, tanto antes como después de la consolidación del poder nacionalista en 1927, tomó medidas para contrarrestar la expansión del control japonés sobre Manchuria. En particular, el señor de la guerra y gobernador manchú Chang Tso-lin (y su hijo Chang Hsueh-liang, que se convirtió en gobernador después del asesinato japonés de su padre en 1927) trabajaron con el gobierno de Pekín para construir líneas ferroviarias de propiedad china en Manchuria, para no depender del Ferrocarril del Sur de Manchuria de Japón para el transporte económico o militar. El proyecto se financió internamente, a través de los ingresos de la línea ferroviaria Pekín-Mukden, de propiedad china. ¡Japón condenó el esfuerzo de los intereses soberanos chinos como una violación de la esfera de influencia japonesa en su país!

En septiembre de 1931, el ejército japonés en Manchuria llevó a cabo el infame "incidente de Mukden". El ejército hizo estallar un tramo del ferrocarril del sur de Manchuria al norte de Mukden, culpó a subversivos chinos y, en cuestión de horas, sin solicitar autorización a Tokio, se apoderó de Mukden y de todos los pueblos en un radio de 200 millas al norte de la ciudad, todo ello en cuatro días.

La Sociedad de Naciones aprobó una resolución en la que exigía que Japón se retirara del territorio conquistado. Estados Unidos, que no era miembro de la Sociedad, declaró que Japón había incumplido el Pacto Briand-Kellogg, un acuerdo entre las principales potencias, entre ellas Japón, firmado en 1928-9 "para renunciar a la guerra como instrumento de política nacional".

Pero no Lamont. El director ejecutivo de Morgan se apresuró a defender a Japón. En una carta a su amigo periodista Walter Lippmann, destinada a ser publicada, Lamont argumentó que: Japón garantizaría la paz en Manchuria; los chinos habían incumplido acuerdos al construir ferrocarriles rivales, en un "despilfarro económico deliberado al duplicar las instalaciones existentes"; y China estaba "reteniendo el pago de los bonos japoneses" y utilizando el dinero para el ferrocarril rival. "En otras palabras", concluyó dirigiéndose a Lippmann, "China ha seguido el curso más ilegal y agravante posible... Hacen creer al mundo que Japón no ha cambiado. Yo creo que sí".

Lamont escribió al ministro de Finanzas Inouye. Inouye, al igual que su homólogo Hjalmar Schacht, se presentó como un oponente de los militaristas, aunque impusiera políticas que sólo podían implementarse mediante la fuerza militar, tanto en política interna como en política exterior. Demostrando que entendían el principio del incendio del Reichstag, mediante el cual Hitler impondría su dictadura nazi sobre Alemania al año siguiente, Lamont e Inouye juntos redactaron una declaración, firmada por Inouye, para el New York Times, argumentando que Japón no tenía otra opción que atacar y acusando al ejército chino de llevar a cabo el bombardeo (en realidad autoinfligido) del Ferrocarril del Sur de Manchuria. La carta comparaba el control de Japón sobre Manchuria con el control de larga data de Estados Unidos sobre Panamá, e insistía en que "no habría guerra contra China"; que los japoneses sólo tenían los "más amistosos sentimientos hacia los chinos".

Ron Chernow, un historiador comprensivo de la Casa Morgan, dijo lo siguiente sobre Lamont: "Junto con su trabajo secreto para Mussolini, el incidente de Mukden es probablemente el episodio más perturbador en la carrera de Lamont".[9]

Japón respondió a las protestas contra sus operaciones en Manchuria con más atrocidades. En diciembre de 1931, después de controlar toda Manchuria por encima de Mukden, se desplegó hacia el sur, en dirección a la Gran Muralla China, utilizando la fuerza aérea para apoyar los movimientos de tropas. Estados Unidos emitió la Doctrina Hoover-Stimson, declarando que no reconocería el menoscabo de los derechos establecidos en los tratados en China como resultado de las acciones militares ilegales de Japón.

A los pocos días de esta declaración, Lamont dispuso el aplazamiento de importantes pagos de la deuda contraída por los japoneses y que vencían en enero de 1932.

La política de Morgan se devora a sí misma

Los militaristas se hicieron con el control total de Japón. A fines de enero, Japón utilizó un ataque contra ciudadanos japoneses en Shanghái, perpetrado por chinos que protestaban por las incursiones japonesas en Manchuria, como justificación para desatar un asalto militar total contra la densamente poblada ciudad de Shanghái y sus alrededores. Durante un mes, la marina y la fuerza aérea japonesas bombardearon Shanghái y bombardearon la nueva capital del país, Nanjing. Mientras tanto, Japón declaró la independencia de Manchuria y Mongolia Interior, que se llamaría Reino de Manchukuo, bajo el liderazgo títere del depuesto y último emperador manchú de China, Pu Yi.

En Japón, terroristas de derechas asesinaron a los amigos de Lamont, Inouye y el barón Takuma Dan de Mitsui. Aun así, Lamont siguió defendiendo a Japón por encima de China. Procedió a organizar con otro amigo japonés la creación en Estados Unidos de una "Oficina de Información Japonesa", similar a la que había creado para Italia con Mussolini. Preparó un memorando para el gobierno de Estados Unidos en el que solicitaba una Declaración conjunta de Estados Unidos y Japón sobre comercio y relaciones pacíficas, de modo que "se acallara inmediatamente toda conversación sobre guerra".

Cuando Franklin Roosevelt asumió la presidencia de Estados Unidos en 1933, la Corporación Financiera de Reconstrucción concedió un préstamo a China para comprar trigo y algodón estadounidenses. Lamont y Addis protestaron enérgicamente, insistiendo en que cualquier préstamo debía destinarse únicamente al pago de las deudas pendientes. Sólo cuando Japón declaró que toda China era su zona de responsabilidad especial, tanto en materia de seguridad como de comercio, Lamont empezó a reconocer que había problemas en Japón.

Sin embargo, incluso en 1937, después de que Japón había iniciado una guerra de agresión a gran escala en China, Lamont se opuso a cualquier boicot o embargo contra Japón, como también expresó su más profundo apoyo al apaciguamiento de Alemania por parte de Neville Chamberlain en Munich como un "acto de grandeza moral sin igual en nuestro tiempo".

¿Cómo ha sobrevivido el nombre Morgan a su participación abierta en la creación de una red sinarquista global de estados fascistas? Parte de la respuesta reside en el empobrecimiento de la población estadounidense hasta el punto de que toleraría una declaración como la siguiente, también extraída de la historia de la Casa Morgan de 1990 escrita por Ron Chernow: "En la década de 1920, Lamont había reclutado tres nuevos clientes [para el Banco JP Morgan] —Japón, Alemania e Italia— cuyo rumbo chocaría marcadamente con el de Estados Unidos. Fue pura casualidad que el banco se involucrara con tres futuros enemigos".

[1] He utilizado las transliteraciones de los nombres chinos más comúnmente utilizados a principios del siglo XX, en lugar del Pin Yin que se utiliza actualmente.

[2] Mark Calney, "Sun Yat-Sen y las raíces americanas del movimiento republicano de China", American Almanac, New Federalist, enero de 1990.

[3] Tang Xiaobing, El espacio global y el discurso nacionalista de la modernidad: el pensamiento histórico de Liang Qichao, 1996.

[4] Véase Michael Billington, "La Ilustración europea y el Reino Medio", Fidelio , verano de 1995.

[5] Noel H. Pugach, Paul S. Reinsch, Diplomático de puertas abiertas en acción, 1979.

[6] Roberta Allbert Dayer, Banqueros y diplomáticos en China, 1917-1925: La relación anglo-americana, 1981.

[7] Edward M. Lamont, El embajador de Wall Street, La historia de Thomas W. Lamont, director ejecutivo de JP Morgan, 1994.

[8] La conexión china: Roger S. Greene, Thomas W. Lamont, George E. Sokolsky y las relaciones entre Estados Unidos y el este de Asia, Warren I. Cohen, 1978].

[9] Ron Chernow, La Casa Morgan: Una dinastía bancaria estadounidense y el auge de las finanzas modernas, 1990.